jueves, 17 de septiembre de 2015
Saborear la transformación interior
"... en una aventura interior de transformación de sí mismo... el camino es largo... y dar algunos pasos ya es beneficioso. Se saborean poco a poco momentos de plenitud de existencia, al principio fugaces pero que se van multiplicando y densificando."
André Rochais citado en La vida puede resurgir, p.43
André Rochais citado en La vida puede resurgir, p.43
sábado, 25 de julio de 2015
PROGRAMACIÓN DE LOS GRAC - CURSO 2015-2016
¿Sabes que
participando en un GRAC (Grupos de acompañamiento) puedes continuar con
otros, el trabajo de conocimiento de tí mismo y de integración del contenido de
un curso de formación?
Para
conocer la programación existente entra en el siguiente enlace:
Permítete:
• Avanzar en el conocimiento personal
• Vivir la solidaridad de crecimiento
• Practicar el análisis de las sensaciones
• Integrar los fundamentos antropológicos/psicológicos de la Formación PRH
• Avanzar en el conocimiento personal
• Vivir la solidaridad de crecimiento
• Practicar el análisis de las sensaciones
• Integrar los fundamentos antropológicos/psicológicos de la Formación PRH
VIVIR SIN REFERENCIAS
En nuestra sociedad
actual hay una pérdida generalizada de referencias, que origina en muchas
personas una angustia difusa y una inseguridad personal. Desde hace años los
principales puntos de referencia religiosos, éticos, pedagógicos, están
desapareciendo de la vida de la mayoría de nuestros contemporáneos. Aunque
limitados, eran puntos que daban una cierta consistencia y proporcionaban una
cierta protección ética y moral. Todo eso ha ido desapareciendo, poco a poco, y
vivimos en una sociedad sin referencias sólidas. Hemos entrado en el tercer
Milenio en medio de una conciencia generalizada de crisis como resultado de los
espectaculares cambios habidos en las costumbres, en las formas de pensar y
hasta de creer.
Existe la sensación de que nuestra civilización muere de agotamiento, y de
que algo nuevo, todavía no definido, pugna por aparecer. No es extraño que
mientras eso nuevo no se haga realidad, vivamos en una especie de vacío en que
“todo vale” en todos los terrenos. Es lo que se ha llamado la “dictadura del
relativismo” Especialmente ahora, la crisis economía han dejado sin
explicaciones a los gurús y sabios financieros del mundo. Ya nadie sabe nada.
Nadie se arriesga a predecir o a recomendar..
Estamos sufriendo en
nuestros días las consecuencias de esta manera desproporcionada de vivir que ha
regido estas últimas décadas. La corrupción ha alcanzado a todas las
instituciones y a todos los niveles. Ya no hay ninguna autoridad moral superior
a nosotros. Por eso, más que nunca, necesitamos encontrar en nuestro interior
un punto de referencia para poder orientarnos en nuestra vida. En la Formación
PRH se nos ayuda a descubrir lo que es la conciencia profunda y a vivir en
referencia a ella. La conciencia profunda es esa referencia interior que es la
voz de nuestro ser en crecimiento y que expresa lo que es bueno para la
persona. Esta conciencia se diferencia de la conciencia socializada (la voz de
los demás) y de la conciencia cerebral (la voz de nuestros principios). “La
conciencia profunda es una instancia que guía a la persona en la conducta de su
vida y en la consecución de su plena realización. Se podría comparar con la
brújula de un viajero, siempre disponible para ser consultada y para indicar el
camino que hay que tomar”.
Vivimos en una
sociedad de neuróticos insatisfechos, drogados por el activismo y la velocidad
que cuando, en un determinado momento, no tenemos nada que hacer nos resulta insoportable.
Acudimos a la rabia al despertarnos, verificamos los mensajes de nuestro móvil,
hacemos zapping en la televisión o recurrimos a Internet pero la verdad es que
no estamos siendo más felices y que necesitamos un cambio en nuestra manera de
vivir. Los valores y símbolos que daban sentido trascendente a la vida humana
han sido sustituidos por valores efímeros, o en el mejor de los casos por
valores exclusivamente intramundanos.
Hay un texto
interesante de Carl Jung, que fue, junto a Freud, uno de los grandes
conocedores del psiquismo humano. Jung daba mucha importancia a la dimensión de
Trascendencia. Jung escribe: “Entre todos mis pacientes de una cierta edad,
mayores de 35 años, no ha habido uno solo cuyo problema más profundo no tuviera
que ver con su dimensión religiosa. En última instancia, todos padecían por el
hecho de haber perdido esa dimensión. Y ninguno se ha curado realmente sin
recuperar esa dimensión profunda que le era propia y eso no depende en absoluto
de un credo determinado ni de la pertenencia a tal o cual iglesia sino de la
necesidad interior de esa dimensión espiritual”.
La crisis religiosa a
la que nos estamos refiriendo es un fenómeno occidental que está ligado a la
Modernidad. La “Razón Ilustrada” que ha venido luchando contra el «mito
religioso» ha acabado mitificándose a sí misma y alienándose en sutiles formas
de poder. En lugar de ser luz, la razón se ha convertido en poder instrumental,
dirigido al dominio material del mundo, pero con fines económicos y lucrativos.
Existe dentro de
nosotros esa dimensión profunda ahogada por el consumismo, el ansia de bienes
materiales y de una vida indiferente a lo esencial. Es preciso reavivar en
nosotros la Fuente de nuestra vida y de nuestra realización humana. En lo más
profundo de nosotros mismos, hay una capacidad de apertura a la experiencia de
la Trascendencia. En el fondo de todo ser humano, hay un “más allá que nos
sobrepasa”. Ahí podemos hacer la experiencia de una relación con la
Trascendencia. Es una dimensión antropológica que contiene un potencial
asombroso para caminar y llenar de sentido nuestra vida.
Benjamín García Soriano
lunes, 18 de mayo de 2015
La verdadera autonomía: una interacción entre afirmación auténtica y adaptación
Cuando sabemos bien quiénes
somos y cuáles son nuestros valores, tenemos ya un terreno sólido en el que
pisar. Cuando estamos suficientemente familiarizados con nuestro ser, podemos
vivir de acuerdo con él, existir a partir de él. Existiremos tal como somos. Ni
más ni menos, ni mejor ni peor. Estamos ahí con nuestras capacidades y nuestros
límites. Somos verdaderos. Nos vivimos en autenticidad.
Para crecer en la afirmación de
sí mismo hay que evitar dos trampas: «querer dominar» y «borrarse a sí mismo». Es importante darse
cuenta de que esas dos trampas no se manejan intencionadamente, sino que son
tendencias provocadas por unas carencias subyacentes.
«Querer dominar», por ejemplo, puede tener relación con una carencia de
reconocimiento, o bien «borrarse» con una carencia de ser amado, una carencia
de seguridad…
Querer darse demasiada
importancia e imponerse dificultará la adaptación, así como será difícil ser
auténtico si nos hacemos casi invisibles. Suele suceder que algunas personas
(consciente o inconscientemente) justifiquen su modo de actuar a partir de una
carencia y, en realidad, no lleguen por ello a responsabilizarse de su
funcionamiento.
Mi
padre era un hombre extremadamente severo, a menudo hasta el límite de lo
irracional. Mis hermanos y yo debíamos callarnos cuando él hablaba o cuando él
escuchaba los informativos por la radio o cuando conducía el coche. Si no nos
callábamos cuando él quería, daba un puñetazo sobre la mesa. Cuando yo estaba
en otra parte, por ejemplo en la escuela, hablaba mucho, intentando ser
escuchado. No me molestaba nada que mis compañeros de clase suspirasen cuando
una vez más discutía con un profesor. Varios años más tarde, encontraba exagerado
que durante nuestras reuniones algunos colegas mostraran nerviosismo cuando,
una vez más, yo no pensaba mis palabras. Cuando un colega y amigo me hizo caer
en la cuenta de que mis palabras me desacreditaban y que yo mismo hacía
el diálogo difícil por mis declaraciones sin matices, encontré una gran clave.
Quería conseguir lo que me habían negado
durante mi juventud. A mi parecer, mi funcionamiento estaba justificado. Sin
embargo, gracias a esta ayuda, comprendí que mi modo de funcionar era muy poco
eficaz. Era considerado como un joven insoportable que valía más no tener en la
mesa de negociaciones. Y a decir verdad, yo no me sentía siempre escuchado de
verdad. Esto me exigía mucha energía y voluntad, pero ahora, que ocupo mejor mi
justo lugar en un grupo, me expreso con más calma. Se me escucha mucho mejor
cuando digo algo. Incluso me han felicitado por las ideas productivas que
presentaba. ¡Sí, esto es una actuación victoriosa!
Bernard
La autenticidad va a la par de la
afirmación ajustada de sí mismo. A partir de la autenticidad, nuestro
comportamiento natural es la asertividad. Respecto al otro, a los otros o a un
grupo, existir significa que aceptamos nuestros propios límites y que
manifestamos nuestras capacidades. Nos consolidamos en nuestras capacidades
comprometiéndolas en un interés común, el de la relación, el del grupo. Esta
afirmación de sí mismo, este «existir» de un modo ajustado, significa siempre
un respeto por nosotros mismos y por los otros. Si en nuestro actuar «nos
tenemos en cuenta», eso supone que nos adaptamos.
En la adaptación, sin embargo,
puede producirse un «exceso». Adaptarse demasiado, o demasiado pronto, equivale
a capitular y se hará a expensas de la fidelidad a sí mismo (autenticidad).
Algunas situaciones acaban en un callejón sin salida... Algunas relaciones
pueden ir mal por ello.
Existir
de un modo adulto y autónomo es una interacción continua entre autenticidad y
adaptación. En la autenticidad hay siempre una disposición a la adaptación,
allí donde es requerida. El movimiento de adaptación tiene en sí un núcleo
indestructible de autenticidad con el que no es posible cualquier compromiso.
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Ejercicio
· Describo una situación en la que me he adaptado y he experimentado
satisfacción por no haberme negado a mí mismo.
· ¿Soy alguien que afirma su autenticidad teniendo en cuenta a los otros y
las situaciones? ¿Cómo me percibo globalmente?
· ¿Qué progresos me gustaría hacer: del lado de la adaptación y del lado de
la afirmación ajustada de mí?
|
Del
libro "Afirmarse de un modo auténtico y respetuoso" pags. 68-69
ACEPTAR Y REFERIRSE AL ESQUEMA DE LA PERSONA EN NUESTRA VIDA COTIDIANA
Estuve en un encuentro hace unos días de
personas que conocen la formación PRH, aunque el encuentro como tal no era de
formación PRH.
Escuché a personas realmente buenas, con
deseo de vivir mejor y con sentido; escuché también dificultades para vivir
esos deseos y sobre todo llamó mi atención cómo les era difícil “colocar” esas
dificultades en su persona, comprender a qué se debían esas dificultades y cómo
avanzar para que no se repitan una vez y otra, ocasionándoles desánimo y gasto
importante de energías para vencerlas.
Me pregunté si éramos conscientes de lo
que nos ofrece el esquema de la persona de la escuela PRH para poder comprender
y situar lo sólido de nuestra persona, nuestras dificultades, y las
posibilidades para abordar las dificultades con más aprovechamiento que así se nos
ofrecen.
Me di cuenta de que no es fácil reconocer, aceptar y referirse a ese
esquema en mi persona; no en una
persona etérea y general sino en la mía concreta y la de cada uno en concreto.
Me di cuenta que requiere una disciplina interior y una adhesión real y profunda
que luego ayuda a acometer la vida refiriéndose a este esquema; situar las vivencias,
sensaciones, dificultades, luces, etc., en las instancias correspondientes y
comprendernos mejor y poder abordar más eficazmente la vida; a vivir la jerarquía de las instancias, la
interacción entre ellas y el rol de cada una en el crecimiento y la vida
cotidianos; el que ayuda a utilizar las herramientas eficaces para crecer,
curar y reeducar… todo al servicio de vivir personal y relacionalmente.
Yo quiero avanzar en este reconocimiento,
aceptación y referencia vivenciales. Mi experiencia de aceptar este esquema en mi persona, el lugar y jerarquía de
cada instancia, su relación en el conjunto de mí mismo, su complementariedad
para que yo viva, me han aportado y me aportan ligereza, eficacia, sentido y
solidificación de mi ser, solidez personal; mayor capacidad de elegir lo que me
da sentido y me hace feliz, lo que me deja en paz, mi aportación al conjunto
humano concreto en el que vivo. Mi experiencia es una experiencia de alegría y
también de humildad, verdad progresiva en el vivir, sentirme bien en mí mismo.
Hoy invito a prestar atención a lo que
nos puede aportar aceptar, integrar y referirnos a este esquema en nuestra vida
cotidiana a la hora de comprender lo que nos sucede y abordarlo de forma y
satisfactoria y eficaz; Avanzar en ello para nuestra felicidad y sentido.
Fernando
Jiménez
lunes, 11 de mayo de 2015
LA TAREA MÁS HERMOSA...
“La tarea más hermosa de la persona es convertir nuestros
sufrimientos en perlas”
(Hildegard von Bingen)
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