jueves, 17 de septiembre de 2015

sábado, 25 de julio de 2015

PROGRAMACIÓN DE LOS GRAC - CURSO 2015-2016

¿Sabes que participando en un GRAC (Grupos de acompañamiento) puedes continuar con otros, el trabajo de conocimiento de tí mismo y de integración del contenido de un curso de formación?


Para conocer la programación existente entra en el siguiente enlace:



Permítete:
• Avanzar en el conocimiento personal
• Vivir la solidaridad de crecimiento
• Practicar el análisis de las sensaciones
• Integrar los fundamentos antropológicos/psicológicos de la Formación PRH



VIVIR SIN REFERENCIAS

En nuestra sociedad actual hay una pérdida generalizada de referencias, que origina en muchas personas una angustia difusa y una inseguridad personal. Desde hace años los principales puntos de referencia religiosos, éticos, pedagógicos, están desapareciendo de la vida de la mayoría de nuestros contemporáneos. Aunque limitados, eran puntos que daban una cierta consistencia y proporcionaban una cierta protección ética y moral. Todo eso ha ido desapareciendo, poco a poco, y vivimos en una sociedad sin referencias sólidas. Hemos entrado en el tercer Milenio en medio de una conciencia generalizada de crisis como resultado de los espectaculares cambios habidos en las costumbres, en las formas de pensar y hasta de creer. 

Existe la sensación de que nuestra civilización muere de agotamiento, y de que algo nuevo, todavía no definido, pugna por aparecer. No es extraño que mientras eso nuevo no se haga realidad, vivamos en una especie de vacío en que “todo vale” en todos los terrenos. Es lo que se ha llamado la “dictadura del relativismo” Especialmente ahora, la crisis economía han dejado sin explicaciones a los gurús y sabios financieros del mundo. Ya nadie sabe nada. Nadie se arriesga a predecir o a recomendar..
Estamos sufriendo en nuestros días las consecuencias de esta manera desproporcionada de vivir que ha regido estas últimas décadas. La corrupción ha alcanzado a todas las instituciones y a todos los niveles. Ya no hay ninguna autoridad moral superior a nosotros. Por eso, más que nunca, necesitamos encontrar en nuestro interior un punto de referencia para poder orientarnos en nuestra vida. En la Formación PRH se nos ayuda a descubrir lo que es la conciencia profunda y a vivir en referencia a ella. La conciencia profunda es esa referencia interior que es la voz de nuestro ser en crecimiento y que expresa lo que es bueno para la persona. Esta conciencia se diferencia de la conciencia socializada (la voz de los demás) y de la conciencia cerebral (la voz de nuestros principios). “La conciencia profunda es una instancia que guía a la persona en la conducta de su vida y en la consecución de su plena realización. Se podría comparar con la brújula de un viajero, siempre disponible para ser consultada y para indicar el camino que hay que tomar”.
Vivimos en una sociedad de neuróticos insatisfechos, drogados por el activismo y la velocidad que cuando, en un determinado momento, no tenemos nada que hacer nos resulta insoportable. Acudimos a la rabia al despertarnos, verificamos los mensajes de nuestro móvil, hacemos zapping en la televisión o recurrimos a Internet pero la verdad es que no estamos siendo más felices y que necesitamos un cambio en nuestra manera de vivir. Los valores y símbolos que daban sentido trascendente a la vida humana han sido sustituidos por valores efímeros, o en el mejor de los casos por valores exclusivamente intramundanos.
Hay un texto interesante de Carl Jung, que fue, junto a Freud, uno de los grandes conocedores del psiquismo humano. Jung daba mucha importancia a la dimensión de Trascendencia. Jung escribe: “Entre todos mis pacientes de una cierta edad, mayores de 35 años, no ha habido uno solo cuyo problema más profundo no tuviera que ver con su dimensión religiosa. En última instancia, todos padecían por el hecho de haber perdido esa dimensión. Y ninguno se ha curado realmente sin recuperar esa dimensión profunda que le era propia y eso no depende en absoluto de un credo determinado ni de la pertenencia a tal o cual iglesia sino de la necesidad interior de esa dimensión espiritual”.
La crisis religiosa a la que nos estamos refiriendo es un fenómeno occidental que está ligado a la Modernidad. La “Razón Ilustrada” que ha venido luchando contra el «mito religioso» ha acabado mitificándose a sí misma y alienándose en sutiles formas de poder. En lugar de ser luz, la razón se ha convertido en poder instrumental, dirigido al dominio material del mundo, pero con fines económicos y lucrativos.
Existe dentro de nosotros esa dimensión profunda ahogada por el consumismo, el ansia de bienes materiales y de una vida indiferente a lo esencial. Es preciso reavivar en nosotros la Fuente de nuestra vida y de nuestra realización humana. En lo más profundo de nosotros mismos, hay una capacidad de apertura a la experiencia de la Trascendencia. En el fondo de todo ser humano, hay un “más allá que nos sobrepasa”. Ahí podemos hacer la experiencia de una relación con la Trascendencia. Es una dimensión antropológica que contiene un potencial asombroso para caminar y llenar de sentido nuestra vida.
Benjamín García Soriano

lunes, 18 de mayo de 2015

La verdadera autonomía: una interacción entre afirmación auténtica y adaptación

Cuando sabemos bien quiénes somos y cuáles son nuestros valores, tenemos ya un terreno sólido en el que pisar. Cuando estamos suficientemente familiarizados con nuestro ser, podemos vivir de acuerdo con él, existir a partir de él. Existiremos tal como somos. Ni más ni menos, ni mejor ni peor. Estamos ahí con nuestras capacidades y nuestros límites. Somos verdaderos. Nos vivimos en autenticidad.
Para crecer en la afirmación de sí mismo hay que evitar dos trampas: «querer dominar» y  «borrarse a sí mismo». Es importante darse cuenta de que esas dos trampas no se manejan intencionadamente, sino que son tendencias provocadas por unas carencias subyacentes. «Querer dominar», por ejemplo, puede tener relación con una carencia de reconocimiento, o bien «borrarse» con una carencia de ser amado, una carencia de seguridad…
Querer darse demasiada importancia e imponerse dificultará la adaptación, así como será difícil ser auténtico si nos hacemos casi invisibles. Suele suceder que algunas personas (consciente o inconscientemente) justifiquen su modo de actuar a partir de una carencia y, en realidad, no lleguen por ello a responsabilizarse de su funcionamiento.
Mi padre era un hombre extremadamente severo, a menudo hasta el límite de lo irracional. Mis hermanos y yo debíamos callarnos cuando él hablaba o cuando él escuchaba los informativos por la radio o cuando conducía el coche. Si no nos callábamos cuando él quería, daba un puñetazo sobre la mesa. Cuando yo estaba en otra parte, por ejemplo en la escuela, hablaba mucho, intentando ser escuchado. No me molestaba nada que mis compañeros de clase suspirasen cuando una vez más discutía con un profesor. Varios años más tarde, encontraba exagerado que durante nuestras reuniones algunos colegas mostraran nerviosismo cuando, una vez más, yo no pensaba mis palabras. Cuando un colega y amigo me hizo caer en la cuenta de que mis palabras me desacreditaban y que yo mismo hacía el diálogo difícil por mis declaraciones sin matices, encontré una gran clave. Quería conseguir lo que me habían negado durante mi juventud. A mi parecer, mi funcionamiento estaba justificado. Sin embargo, gracias a esta ayuda, comprendí que mi modo de funcionar era muy poco eficaz. Era considerado como un joven insoportable que valía más no tener en la mesa de negociaciones. Y a decir verdad, yo no me sentía siempre escuchado de verdad. Esto me exigía mucha energía y voluntad, pero ahora, que ocupo mejor mi justo lugar en un grupo, me expreso con más calma. Se me escucha mucho mejor cuando digo algo. Incluso me han felicitado por las ideas productivas que presentaba. ¡Sí, esto es una actuación victoriosa!
                                                             Bernard

La autenticidad va a la par de la afirmación ajustada de sí mismo. A partir de la autenticidad, nuestro comportamiento natural es la asertividad. Respecto al otro, a los otros o a un grupo, existir significa que aceptamos nuestros propios límites y que manifestamos nuestras capacidades. Nos consolidamos en nuestras capacidades comprometiéndolas en un interés común, el de la relación, el del grupo. Esta afirmación de sí mismo, este «existir» de un modo ajustado, significa siempre un respeto por nosotros mismos y por los otros. Si en nuestro actuar «nos tenemos en cuenta», eso supone que nos adaptamos.
En la adaptación, sin embargo, puede producirse un «exceso». Adaptarse demasiado, o demasiado pronto, equivale a capitular y se hará a expensas de la fidelidad a sí mismo (autenticidad). Algunas situaciones acaban en un callejón sin salida... Algunas relaciones pueden ir mal por ello.
Existir de un modo adulto y autónomo es una interacción continua entre autenticidad y adaptación. En la autenticidad hay siempre una disposición a la adaptación, allí donde es requerida. El movimiento de adaptación tiene en sí un núcleo indestructible de autenticidad con el que no es posible cualquier compromiso.
Ejercicio
·     Describo una situación en la que me he adaptado y he experimentado satisfacción por no haberme negado a mí mismo.
·       ¿Soy alguien que afirma su autenticidad teniendo en cuenta a los otros y las situaciones? ¿Cómo me percibo globalmente?
·       ¿Qué progresos me gustaría hacer: del lado de la adaptación y del lado de la afirmación ajustada de mí?

Del libro "Afirmarse de un modo auténtico y respetuoso" pags. 68-69




ACEPTAR Y REFERIRSE AL ESQUEMA DE LA PERSONA EN NUESTRA VIDA COTIDIANA

Estuve en un encuentro hace unos días de personas que conocen la formación PRH, aunque el encuentro como tal no era de formación PRH.
Escuché a personas realmente buenas, con deseo de vivir mejor y con sentido; escuché también dificultades para vivir esos deseos y sobre todo llamó mi atención cómo les era difícil “colocar” esas dificultades en su persona, comprender a qué se debían esas dificultades y cómo avanzar para que no se repitan una vez y otra, ocasionándoles desánimo y gasto importante de energías para vencerlas.
Me pregunté si éramos conscientes de lo que nos ofrece el esquema de la persona de la escuela PRH para poder comprender y situar lo sólido de nuestra persona, nuestras dificultades, y las posibilidades para abordar las dificultades con más aprovechamiento que así se nos ofrecen.
Me di cuenta de que no es fácil reconocer, aceptar y referirse a ese esquema en mi persona; no en una persona etérea y general sino en la mía concreta y la de cada uno en concreto. Me di cuenta que requiere una disciplina interior y una adhesión real y profunda que luego ayuda a acometer la vida refiriéndose a este esquema; situar las vivencias, sensaciones, dificultades, luces, etc., en las instancias correspondientes y comprendernos mejor y poder abordar más eficazmente la vida; a vivir la jerarquía de las instancias, la interacción entre ellas y el rol de cada una en el crecimiento y la vida cotidianos; el que ayuda a utilizar las herramientas eficaces para crecer, curar y reeducar… todo al servicio de vivir personal y relacionalmente.
Yo quiero avanzar en este reconocimiento, aceptación y referencia vivenciales. Mi experiencia de aceptar este esquema en mi persona, el lugar y jerarquía de cada instancia, su relación en el conjunto de mí mismo, su complementariedad para que yo viva, me han aportado y me aportan ligereza, eficacia, sentido y solidificación de mi ser, solidez personal; mayor capacidad de elegir lo que me da sentido y me hace feliz, lo que me deja en paz, mi aportación al conjunto humano concreto en el que vivo. Mi experiencia es una experiencia de alegría y también de humildad, verdad progresiva en el vivir, sentirme bien en mí mismo.
Hoy invito a prestar atención a lo que nos puede aportar aceptar, integrar y referirnos a este esquema en nuestra vida cotidiana a la hora de comprender lo que nos sucede y abordarlo de forma y satisfactoria y eficaz; Avanzar en ello para nuestra felicidad y sentido.


Fernando Jiménez

lunes, 11 de mayo de 2015

LA TAREA MÁS HERMOSA...

“La tarea más hermosa de la persona es convertir nuestros sufrimientos en perlas”

(Hildegard von Bingen)